viernes, 16 de enero de 2009

DAVID MENDEL RESPONDE AL ARTICULO DE VARGAS LLOSA "MORIR EN GAZA"

Fuente: www.porisrael.org

Jacek Yerka


Quiero dejar en claro que considero que la crítica a Israel es válida, y no debe ser considerada producto del antisemitismo, siempre y cuando sea la misma que se haría contra otros estados que estuviesen en la misma situación. Pero a Israel se le juzga bajo un estándar que no se aplica ni se exige a ninguna otra nación.


No me refiero a artículos que llevan por título "El sueño nazi de Israel" o similares, ni a caricaturas de soldados israelíes con uniforme nazi, donde los prejuicios de sus autores saltan a la vista por ser burdos y obvios, sino a artículos insidiosos, que sermonean, critican y condenan a Israel, artículos donde el autor se escuda tras una auto proclamada superioridad moral para disimular su hipocresía, su antipatía hacia el estado judío, y su doble estándar.


Un ejemplo típico es el artículo Morir en Gaza del escritor Mario Vargas Llosa, publicado hace unos días en el periódico El País, y en otros 40 periódicos de Latino América, artículo lleno de errores y omisiones.


Vargas Llosa escribe que Israel aduce "¿Hasta cuándo puede resistir un país que sus ciudades sean víctimas de cohetes terroristas lanzados desde sus fronteras a lo largo de días y meses por una organización como Hamas que no reconoce la existencia de Israel ni oculta su propósito de acabar con él?"


No fueron días ni meses. Son ocho años de terror y trauma, con un promedio de 1000 cohetes palestinos cada año, es decir 3 por día, que arreciaron a 70 por día el mes pasado, cuando Hamas unilateralmente decidió no renovar la tregua. Y continúan en estos días, porque Hamas sigue disparando diariamente cohetes a blancos civiles.


Vargas Llosa escribe "si se trata de buscar las causas del conflicto es, a mi juicio, deshonesto quedarse sólo allí, en los cohetes artesanales de Hamas, y no retroceder un poco más en el tiempo para entender -lo que no quiere decir justificar, claro está- lo que sucede en ese explosivo rincón del mundo. Y en el siguiente párrafo retrocede efectivamente en el tiempo y encuentra que "la política de Israel de incomunicar a Gaza y mantenerla en una suerte de cuarentena implacable, impidiéndole exportar e importar, cerrándole el uso del aire y del mar, permitiendo que sus pobladores salieran de ese gueto sólo a cuentagotas y después de trámites abrumadores y humillantes, contribuyeron al gran "fracaso económico" que hoy día los halcones de Israel exhiben.


El problema es que Vargas Llosa no retrocedió suficientemente en el tiempo. Si hubiese sraelquerido hacerlo, habría llegado al momento, en el mes de agosto del 2005, cuando voluntariamenteIsrael retiró hasta el último israelí de Gaza, asumiendo que este acto quitaría todo motivo a los palestinos para seguir disparando cohetes. Israel dejó intactos sus invernaderos e instalaciones industriales para que los palestinos las usen como fuentes de trabajo. Los palestinos procedieron a vandalizar y destruir todas las instalaciones, y, de inmediato, a usar dichos lugares para continuar, casi desde el día siguiente, disparando cohetes a las poblaciones civiles de Israel.


Vargas Llosa culpa a Israel del retraso en el que viven los palestinos, cuando la realidad es que los palestinos dan prioridad a la destrucción de Israel sobre la construcción de una infraestructura de su futuro estado.


El bloqueo que Vargas Llosa llama cuarentena implacable no es la causa de los disparos de los cohetes palestinos a Israel, sino la respuesta a los cohetes, con la intención (fracasada hasta ahora) de persuadir a los palestinos de que desistan de atacar a las poblaciones civiles israelíes. Tampoco menciona el escritor que Egipto, país que limita con Gaza, también bloquea al régimen de Hamas por haber violado el acuerdo del año 2005 que estipula que es la Autoridad Palestina la que debe controlar las fronteras, bajo la supervisión de observadores europeos. Hamas en forma violenta expulsó a la Autoridad Palestina en el año 2007.


Vargas Llosa no menciona que Israel es el principal proveedor de electricidad, agua y combustible a Gaza, a pesar de que el régimen de Hamas tiene como objetivo la eliminación de Israel en especial y de los judíos en general. ¿Tal vez desconoce la constitución de esa organización?


A propósito de electricidad, ¿Se habrá enterado el escritor que uno de los cohetes palestinos cayo hace unos días muy cerca de la planta de electricidad de Ashkelon que suministra electricidad a Gaza? ¿Si el cohete hubiese impactado en la planta y la explosión la hubiese destruido, Vargas Llosa escribiría denunciando a Israel porque no le llega electricidad a Gaza?


Vargas Llosa escribe "los palestinos están condenados a una agonía tan injusta y tan larval como la de los judíos en los guetos de la Europa nazi".


El párrafo de arriba demuestra que Vargas Llosa también sabe utilizar, con tanta destreza como el antisemita más franco y sincero, la táctica de igualar a los israelíes con los nazis.


Vargas Llosa escribe que "los dirigentes de Israel pueden haber perdido los sentimientos y la moral, pero no la inteligencia. La clase dirigente israelí es de muy alto nivel, bastante más culta y preparada que la del promedio occidental."


El párrafo que va arriba es subliminalmente racista ya que implica, por contraste, que los dirigentes palestinos no son inteligentes ni de alto nivel. Además, ¿es justo darse ínfulas de superioridad moral y pontificar acusando de faltas de sentimientos y moral al gobierno de Israel, - sin estar en la situación de los dirigentes de Israel, cuya principal obligación es salvaguardar las vidas de sus ciudadanos?


Vargas Llosa, al igual que los dirigentes de Israel, también es un hombre inteligente. Y, por lo tanto, es una sorpresa aún mayor, ver que el escritor, hombre inteligente, no se da cuenta que mientras Hamas controle Gaza y la Autoridad Palestina la Cisjordania, los palestinos no estarán unidos y su futuro estado será aún más lejano.


Un hombre inteligente, culto y enterado de lo que ocurre, sabe que es Irán el que financia a Hamas, adiestra a sus combatientes, suministra las bombas y cohetes. La guerra de Israel no es contra los palestinos, a pesar de lo que Vargas Llosa dice, sino contra Hamas en forma directa y, en forma indirecta, contra Irán, país empeñado en destruir Israel. La destrucción del régimen de Hamas sería para Irán una derrota.


Vargas Llosa acusa a Israel de una "política de fuerza, de represión y castigo sistemáticos para doblegar a los palestinos, haciéndoles aceptar, al final, una paz impuesta según las condiciones de Israel".


¿Se le habrá ocurrido preguntarse a si mismo, por qué en la Cisjordania, bajo la Autoridad Palestina, hay progreso económico y tranquilidad, mientras que en Gaza hay pobreza y terrorismo? ¿No sería mejor para los palestinos y para el futuro de la región que la organización terrorista, así considerada por los Estados Unidos, la Unión Europea y Japón, sea desmantelada? La Autoridad Palestina está dispuesta a la solución de dos estados para dos pueblos, pero Hamas no acepta nada menos que la destrucción de Israel.


¿Y cuales son las condiciones que Israel "quiere imponer" para la paz? Israel lo ha dicho repetidamente: cese completo de disparos de cohetes a las poblaciones civiles de Israel, y cese del ingreso ilegal de armas y explosivos a Gaza por medio de túneles. ¿Es eso mucho pedir?


Vargas Llosa escribe: "la construcción del Muro que aísla, cuartea y reduce como una piel de zapa a la Cisjordania palestina".


Lo que él llama Muro, es una Cerca de Seguridad cuyo objeto es evitar el ingreso de los suicidas palestinos, la mayoría enviados por Hamás, que han matado a más de mil israelíes y herido a más de diez mil. Cuando llegue la paz será mucho más fácil desmantelar esa cerca que devolver la vida a las víctimas de los suicidas.


Y para terminar, me parecen lamentables y vergonzosas sus frases en detrimento de personas de la entereza moral e intelectual de Amos Oz y David Grossman, a los cuales Vargas Llosa solía alabar cuando coincidían con sus ideas, pero a quienes hoy el escritor acusa de cobarde timidez por no concordar con su posición.