jueves, 29 de enero de 2009

Parashá BO (Y el Eterno dijo a Moisés: “Ve al Faraón, porque Yo he endurecido su corazón…) Éxodo X:1 – XIII:16

Correspondiente al 6 Shevat 5769 - 31 Enero 2009

Rafal Olbinski

Por L. Conde


Como gatos en la noche


No recuerdo haber tenido miedo a la oscuridad. Antes no se estaba tan pendiente de los niños como ahora, quiero decir que al tener que apañarnos solos aprendíamos a ser autónomos más temprano. Aunque puede que sí lo tuviera porque invocaba un razonamiento que a mí me valía: “si yo no puedo ver al monstruo él a mí tampoco” y me dormía plácidamente al amparo de la noche.


Pero la novena plaga de Egipto hace referencia a otra oscuridad, a la del alma, esa que nos deja paralizados como si hubiéramos caído en un pozo estrecho que nos oprime, un túnel sin final, se palpan los negros límites y resulta aterrador porque siempre es más estremecedor lo que imaginamos que la realidad.


Hay tinieblas que vienen de fuera y dejamos que nos invadan, que se apoderen de nosotros hasta convertirnos en seres lóbregos, como contagiados de una enfermedad insidiosa para la que no tenemos el antídoto. Las vemos llegar como buques negros entre la niebla de enero y sin embargo nos sentamos en el muelle y deseamos como una atracción fatal que anclen en nuestro puerto sin darnos cuenta que nosotros mismos somos el ancla y como fardos pesados nos hundimos en una especie de ofrenda inútil al mar. Hay personas oscuras, soles negros, que enlutan la vida de los demás, que viven en casas donde al entrar se percibe una amargura que hace que la voz salga como si doliera la garganta. Hay quien entra en una habitación rebosando de hiel y la esparce entre los demás para sentirse acompañado en su tormento. Son los mezquinos que igualan por abajo, como los que condenaron a Sócrates, “mejor todos tristes como yo”. Qué hace falta para dejar atrás esas compañías que no hacen más que robarnos la alegría, porqué las soportamos, porqué no nos levantamos y nos vamos con nuestra luz, con la que nos queda, tanta hemos dejado en ese recorrido estéril. Mas todavía guardamos un rayo, como las luciérnagas.


Pero hay tinieblas que viven dentro de nosotros como un oso que hiverna. Son como un embalse. Nos afanamos en que la presa no tenga fisuras, que no desborde ni una gota, sabemos que eso sería el principio del fin, todo lo destruiría como un tsunami. Pero mantenemos la noche a raya. Puede más nuestra luz. De momento. Y vivimos con temor a que asome en la mirada, en un ademán. Nuestro lado oscuro. No abominamos de él. Luchamos con él, como Jacob con el ángel. A veces prevalecemos. A veces nos derrota, pero de eso nadie se enterará. Es nuestro secreto. Hay noches insomnes y hay libros que contienen un bálsamo, que dicen por ejemplo “Y aconteció que aquel mismo día sacó el Eterno a los hijos de Israel de la tierra de Egipto, por sus huestes”. Un ejército. El pueblo de Israel se marchó como un ejército a las órdenes de HaShem. Y un soldado de verdad se forja con disciplina, lealtad, coraje, honestidad, confianza, generosidad, juicio, dignidad, pasión. Alguien se imagina un ejército en el que desde sus generales hasta sus soldados reunieran esas cualidades?, sería invencible. Lo somos?


Buscamos la luz, necesitamos ver en la oscuridad. Como gatos en la noche.


Shalom.