jueves, 19 de marzo de 2009

PARASHÁ VAYAKHEL (Y Moisés reunió a la congregación de los hijos de Israel....) ÉXODO XXXV:1 - XXX1VIII: 20 - y PEKUDÉ (EXODO XXXVIII: 21 - XL: 38)

Correspondiente al Shabat 25 de Adar de 5769 - 21 de Marzo de 2009


Por L. Conde






EL ARTE Y LA CIENCIA



La Parashá Vayakhel se complementa con la Parashá Pekudé y las Haftarot de cada una de ellas (Reyes I cap. VII y VIII) también lo hacen. Hablan de cómo materializar las ideas, los sueños.


Michelángelo Buonarotti fue capaz de ver en un trozo de mármol informe la posibilidad de un David. Pero para llevar a cabo su idea fueron necesarios sus conocimientos de artesano y sus noches y días de trabajo.


El Tabernáculo estaba diseñado. Moisés había dibujado los planos al dictado de Hashem. El Arquitecto había hablado. Ahora era necesario encontrar al mejor artesano de entre los nuestros. Quién podría realizar un trabajo así. Alguien para hacer el Arca de madera de acacia donde se posaría la divina presencia. Para esto no se podía hacer un casting. Se trataba de un trabajo único. Por eso HaShem designó a BETZALEL, hijo de Uri y de Jur, de la tribu de Judá, experto en trabajos en oro, plata y cobre, engaste de piedras preciosas, talla de maderas… y Betzalel, el que tendría que dar forma al lugar sagrado trabajando en soledad días y noches, “en la sombra de Dios”, hizo honor a su nombre porque ése era su significado. Y él designó a su colega AHOLIAV, hijo de Ajisamaj, de la tribu de Dan, para el resto de las artes.


Qué sentiría Betzalel en la absoluta soledad de su taller mientras daba forma a unos troncos de acacias?. Era consciente de la trascendencia de su trabajo? Dudaría una y mil veces de su capacidad? Ansiaba la perfección pero cómo lograrla. Trabajaba en la sombra de Dios, como su propio nombre. Se olvidaba de comer, de dormir. El arte nos acerca a Dios de tal manera que olvidamos un poco nuestras servidumbres humanas. Lleva días absorto en dar forma a un sueño. Toda su técnica, años de estudio. Ahora es el momento de demostrarlo. Desecha las tallas una y otra vez, ninguna le convence. Tiene que hacerlo mejor. No es un encargo cualquiera. Por las rendijas de su tienda entra el sol a raudales, toda la estancia se llena de luz, pero comprende que esa claridad que ilumina su taller no resta en nada a la luz de afuera. Hay sol para todos. Y Betzalel va comprendiendo.


Tal vez una noche, en su soledad deseada, vio que de aquella acacia que le trajeron sólo quedaba la esencia, seguía siendo madera, pero transformada por sus manos encallecidas iba tomando la forma anhelada; quizás su tienda se llenó de resplandor y ya no le hizo falta el candil de aceite con el que se ayudaba en la oscuridad. Y Betzalel comprendió que su obra era del agrado de Hashem. Se le iluminó el alma, como cuando un atleta va llegando a la meta y tiene la certeza de que va a ganar y sus años de esfuerzo, dolorosas lesiones, desencantos, ilusiones, dan su fruto. Y la recompensa es ésa: ganar la carrera de obstáculos. Pero hay algo que le impide desfallecer segundos antes de alcanzarla, sabe que al final no sólo le espera la gloria, le espera sobre todo el abrazo más deseado a donde se arrojará como un náufrago jadeante y sin embargo feliz. Sólo por ese instante habrá valido la pena vivir. Quedaba por pulir un poco más el ala del querubín de la izquierda.


"Mira, Moisés, puse mi vida en esta obra, aquí está." Mi imagino a los dos hombres contemplando sobrecogidos el Arca que albergaría las tablas de la Ley. Y no estaban solos. La presencia de Dios estaba con ellos. Como el sol que entró aquel día por las rendijas de la tienda. Y fuera de ella iluminaba con igual intensidad a todos los hijos de Israel.


Muchos años después Salomón buscó al mejor artesano de su reino para construir el Templo en Jesuralem, y encontró a HIRAM, artesano de cobre. Hiram y Betzalel artesanos capaces de transformar los materiales de la tierra en formas soñadas. Puede que Hiram pensara en Betzalel mientras daba forma a las columnas del templo, a la de la derecha le llamó YAJIN, a la de la izquierda BOAZ.


Shalom.