sábado, 15 de noviembre de 2008

PARASHÁ VAYERÁ (Y se le apareció el Eterno junto a Eloné Mamré y Abraham estaba sentado a la puerta de su tienda…) GÉNESIS XVIII:1 – XXIII: 24

Yom Shabat, 17 Jeshvan 5769

Por L. Conde


Siempre me revelé contra esta parashá. No hubo los suficientes justos para que Sodoma se salvara. Pero Abraham regateó el número. Y si hubiera veinte? Y si diez? Y si uno?... De nada valió pero al menos se atrevió a revelarse ante esa injusticia de que justos paguen por los injustos. La Torah está llena de situaciones aleccionadoras, contradictorias, se encuentra lo que se busca, se busca lo que se encuentra, todo está ahí. Contiene toda la sabiduría antigua. Dejo para los que creen que fue escrita por inspiración divina todo mi respeto. Pero espero que ellos también respeten la de otros que creemos que es un maravilloso libro escrito por la mano del hombre, por múltiples manos.


Como dice Jaime Barylko, “Hoy ya saben los investigadores a ciencia cierta que algunos relatos bíblicos (la creación, el diluvio, etc.) figuraban en otras civilizaciones anteriores a Abraham. Eso es imitación, pero no pasiva. La Biblia tomó estos mitos y los transformó, los interpretó de una manera totalmente novedosa y de ese modo lo ajeno se hizo propio, inconfundible, incomparable. Los Diez Mandamientos están tomados del código de Hamurabi. La novedad consiste en tomar esos preceptos y construir con ellos una legislación ético-práctica, una exigencia radical-nacional, un ideal de existencia indeclinable.”


Lo que hace valiosa la Torah es que todos esos relatos los hicimos nuestros, toda la ética que contiene la hicimos nuestra y creímos en nuestras propias palabras y elaboramos nuestra propia ética y la transmitimos generación tras generación como nuestro mejor tesoro y nos comprometimos de verdad, con toda nuestra alma, en hacer un mundo mejor, el paraíso en la tierra. Hace tiempo hablé con un judío que se declaraba ateo y dijo algo maravilloso. El tenía que tomar una decisión difícil que implicaba un dilema moral. Se decidió por lo menos práctico pero por lo más ético, no se traicionó. Su explicación me emocionó: “tengo que elegir este camino menos placentero, tengo que ser consecuente con mi ética, si no sería como un goy (un no judío) y yo soy judío”. El sigue la Torah. De una manera tan judía como otra cualquiera. Sé lo dura que fue su decisión, pero su ética judía mandaba.


Abraham intenta salvar Sodoma, pero nada hace por su hijo Isaac. Acata la orden como un soldado, libre de toda responsabilidad. Pero no es soldado, es padre. Esta parashá me revuelve algo por dentro. Me indigna y me asombra. Y al estar juntas las dos situaciones: Abraham implorando por los justos de Sodoma versus Abraham obedeciendo sin rechistar una orden absurda, parece como si en Abraham se dieran las dos maneras de entender la vida: una, la de Sodoma, reflexiva, reveladora, sin resignarse a aceptar un destino sin luchar primero. Otra, la de Isaac, inconsciente, sin voluntad, con esa obediencia que intenta eximir toda responsabilidad propia. Esta segunda reacción me resulta abominable. Y sin embargo….


Ahora que se habla sobre las fosas comunes de la guerra civil española. Me viene a la memoria un relato familiar que algo tiene que ver con Isaac.:


El cartel dice "FRANCO, Caudillo de Dios y de la Patria. El primer vencedor en el mundo del bolchevismo en los campos de batalla"

La ciudad de Tuy (ahora se escribe Tui) era el último reducto de la República en Galicia, por así decir, era la única ciudad de Galicia que aún no estaba tomada por los rebeldes fascistas que dieron el golpe de Estado contra el gobierno de la República legalmente constituido en las urnas. Mi abuelo era militar republicano y estaba en Tuy. Defendía la República, él y el pequeño número de militares que aún resistían ya sin esperanza. Cerca estaba el pueblo de Camposancos donde los fascistas ya habían instalado un campo de concentración. Allí llevaron a los que no fusilaron cuando cayó la ciudad. Allí llevaron a mi abuelo, a su hijo mayor, de dieciséis años, y a algunos de sus hombres militares, también se llevaron a los civiles. Padre e hijo estuvieron condenados a muerte. El padre por ser el enemigo republicano y el muchacho por ser “el hijo”. Era un niño enclenque, aún sin desarrollar. Allí estaban los dos. El padre sintiéndose responsable por su hijo, doblemente desesperado porque el destino de su niño tuviera que estar ligado al suyo. Nada podía hacer, ni siquiera ofrecer su vida a cambio de la del hijo porque los iban a matar a los dos. Pero la vida da muchas vueltas y el abuelo estaba casado con una hermosa mujer, una brava hembra, su segunda esposa (la primera había muerto de parto), que amaba a su marido sobre todas las cosas, a ese viudo con tres hijos con el que se casó en contra de la opinión de toda la familia. Ahora tenía que salvar a su esposo y a su primogénito. Se presentó ante el comandante fascista del puesto, no se sabe lo que habló pero llegaron a un trato: Ella a cambio de ellos dos, padre e hijo. Así fue. Una vez que el comandante se cansó de ella, una vez que se cansó de violarla, mandó liberar al padre y al hijo. El esposo curó las heridas de la esposa, las que le habían salvado la vida. La esposa cuidó el maltrecho cuerpo de su marido que tenía señales de tortura que tardaron en desaparecer mucho tiempo. Estaban vivos. Eran felices. Pero el hijo no regresó a la casa. Tuvo miedo. Dieciséis años. Se alistó como voluntario en el ejército fascista. Jamás volvió a ver a su padre ni a la mujer que le salvó la vida. Siguió su vida militar durante la dictadura teniendo que demostrar siempre ser más fascista que nadie, su pasado familiar republicano era un handicap para él, tenía que echarle tierra encima. Literalmente.


Por qué me recuerda a Isaac?. Un hijo adolescente que tiene que soportar una situación injusta y ve que su padre no puede o no quiere ni siquiera revelarse, aunque sea un poco, algo, una protesta, soy tu hijo, tu cachorro. No es capaz de comprender, aún no. Isaac vio como expulsaban de la casa a Hagar y a su hijo Ismael. No se sabe cómo vivió esa situación. Pero lo que sí hizo fue irse también. Huir de su casa, de alguna manera se sentía ya expulsado, ya no era un lugar seguro, su padre no cumplía con el deber sagrado de proteger a los hijos aún a costa de su propia vida. Posiblemente Isaac sintió desprecio. Miedo también. Y se fue. A casa de Hagar con su medio hermano Ismael?, La vida da tantas vueltas.


Shabat Shalom.