jueves, 11 de junio de 2009

PARASHÁ BEHAALOTEJÁ . Cuando encendieres las lámparas... (Números VIII:1 - XII: 16)

Correspondiente al Shabat 21 Sivan 5769, 13 Junio 2009

Por L. Conde

FUERA DE LUGAR. Entre dos Nunim invertidas.





Los últimos versículos del capítulo X, los que están entre dos Nunim invertidas, en realidad pertenecen a otro lugar, exactamente al capítulo II de Números, donde se discute la distribución de las tribus en el campamento bajo sus banderas tribales específicas



Cada vez que la Torá es sacada y devuelta al arca, se recitan las palabras del pasaje delimitado por las Nunim invertidas en la Torá. “Y cuando partía el Arca decía Moisés: Levántate, oh Eterno, y sean dispersados tus enemigos, y huyan delante de ti los que te aborrecen". Y cuando ella se posaba, decía: "Reposa, oh Eterno, enmedio de las decenas de miles de millares de Israel”.



Esta Parashá es la que me corresponde por mi día de nacimiento. Sucede que de tanto leerla la hice mía. Y cuando lees algo que consideras tuyo le encuentras significados íntimos como si fuesen dirigidos especialmente para ti. Aunque sabes que si te hubiera tocado en suerte otra también le encontrarías significados alusivos a ti, porque de alguna manera te gusta sentirte especial, y lo eres, siempre eres especial para alguien, para quien menos te esperas a veces. Me gusta mi Parashá por muchas cosas, por este párrafo entrecomillado por las Nunim invertidas, fuera de lugar, como sacado de contexto, obligado a formar parte de un capítulo que nada tiene que ver con él. Me recuerda a mí. Es así como suelo sentirme: fuera de lugar. Suelo preguntarme: Qué hago yo aquí, éste no es mi sitio. Pero aprendí a vivir con esa sensación. No crean, no se trata de que me sienta superior o inferior, sino diferente, lejana de situaciones que no forman parte de mi naturaleza. A veces procuro amoldarme, pero me doy cuenta de que de nada sirve, que el cortés simulacro sólo me lleva a sentir que traiciono mi esencia más íntima. La luz de cada vela de la Menorah hoy la necesito más que nunca, los siete brazos que significan: Luz, Justicia, Paz, Verdad, Benevolencia, Fraternidad y Armonía, los quiero dentro de mí. Cada uno de ellos. Todos. Una luz para cada día de la semana. De Shabat a Shabat. Y volver a empezar.



Cuando llega el Shabat se hace la luz. El primer día de la creación. Encendemos las velas en casa: Una por Zajor (“acuérdate del día del Shabat ...” Éxodo 20:8) y la otra por Shamor (“Observa el día del Shabat ...” Deuteronomio 5:12), y el hogar se ilumina como el primer día del universo. Hay armonía, paz. Shabat Shalom.Este último Shabat lo celebré en la soledad de mi casa. Y tuve paz. Y me di cuenta de que los judíos nunca estamos solos, que otros estaban haciendo lo mismo que yo en sus hogares, aquí o lejos, en América, en cualquier parte del mundo. El mismo gesto repetido. La misma sensación de pertenecer a un pueblo esté donde esté. Cerré los ojos. Baruj atá Adonai. Y supe que los míos eran todos. Eloheinu Melej haOlam. No tenemos castas, todos somos judíos. Asher Kidshanu bemitzvotav. Los de los orígenes de la tierra de Canaan. Vetzivanu lehadlik ner shel Shabat. Los que, como la moabita Ruth, siguió a su familia elegida y la hizo suya “A donde tú vayas, yo iré. Donde tú pernoctes, yo pernoctaré. Tu pueblo es mi pueblo y tu Dios es mi Dios. Donde tú mueras moriré yo y ahí encontraré mi lugar de descanso. Juro por Dios que tan sólo la muerte nos separará.” De ella desciende el Rey David.






Los judíos no tenemos castas. Nadie es más judío que otro. O se es judío o no se es. Punto. Cada cual vive su espiritualidad a su manera. Unos más observantes, otros menos, otros nada. Pero el pueblo judío es mucho más que eso. Pueden renunciar o renegar de su religión como sucedió a algunos ancianos que conocí y que habían vivido los terribles años de la guerra, pueden abominar del gobierno de Israel porque cada cuatro años saben que pueden votar y cambiarlo. Pero nunca, jamás, renunciarán a su condición de judíos. Eso lo llevan grabado a fuego. Literalmente.


Shalom

4 comentarios:

Anónimo dijo...

hace algún tiempo que sigo tu blog,aunque aún no sé tu nombre, si conozco parte de ti porque,ya ves, a mi me ocurre lo mismo y ya desde chica y sin saber razonar esta sensación extraña de no pertenencia o de diferente naturaleza, en fin, un abrazo L.Y. Conde.yo también estoy sola en los shabaths.

Maria Melcón

Anónimo dijo...

soy la de antes, y pensarás con razón que estoy atontada...correcto!!, ya sé tu nombre estimada Luisa. sooorry mi despiste.

L. Y. Conde dijo...

Shabat Shalom, María.

Es extraña esta manera de comunicarnos y de sentirnos que no estamos tan solos al final. Ya lo ves, cuando yo enciendo las velas del Shabat.... tú también, estés donde estés.

Todá Rabá beShavua Tov.

Luisa

Noajida dijo...

Saludos a ambas, se sienten solas. Les saludo, yo soy noájida, que es creyende en HaShem, que soy nacido de vientre no judío y que soy gentil justo de las naciones. Aun somos más poquitos que ustedes dos. Y sabemos sus costumbres, pero no estamos en el pacto de Abraham, de Ytzak, de Yacob, y de Moshé...

Estamos en el Pacto de Noaj, que luego se retomo por Moshé, pues los gentiles nos olvidamos de adorar en verdad a HaShem, y de cumplir nuestras mitzvo.

Me gusta leer su blog. Yo también tengo blogs.

Su blog es distendido y culto, y me gusta leerlo, desde hace unos días...

Toda raba, amigas.