domingo, 27 de enero de 2008

PARASHÁ YITRÓ (Y Yitró, sacerdote de Midián, suegro de Moisés, oyó todo lo que había hecho Dios por Moisés y por Israel….) ÉXODO XVIII:1 – XX:26

19 Shevat 5768 – 26 Enero 2008

Por L. Conde


Primer casting de líderes (aprox. año 3.500 a.e.c.)


Yitró dio muy buenos consejos a Moisés. Indudablemente él solo no podía hacer frente al inmenso trabajo de impartir justicia a todo el pueblo. Ocuparse de lo importante y de lo ínfimo, de cosas domésticas y cuestiones institucionales. Era demasiado para un hombre solo. Y no era conveniente. La justicia debe administrarse colegiadamente.


Se hicieron públicas las condiciones para presentarse al primer casting de liderazgo democrático.

El perfil exigido a los candidatos “de entre todo el pueblo” era el siguiente:


  1. Hombres de VIRTUD (anshei jail)
  2. Hombres TEMEROSOS DE DIOS (ir’ei Elohim)
  3. Hombres VERÍDICOS (anshei emet)
  4. Hombres que ABORREZCAN EL LUCRO (v’sonei betza)


El punto 4. parece insinuar que para que un hombre no sea tentado por el soborno es mejor que ya sea rico en el momento de acceder al cargo, que no pretenda enriquecerse con él y además tiene la ventaja de que puede ser un mecenas y poner parte de su fortuna a disposición del bien común.


Las cuatro características necesarias para tener el perfil de líder son absolutamente atemporales, hoy en día cualquier pueblo desearía políticos y jueces con esas virtudes. Virtudes requeridas desde hace nada menos que 5.500 años. Las cosas cuando están bien pensadas desde el principio perduran en la Historia. Pero sucede que es difícil encontrar esos cuatro elementos en una sola persona. Cómo hacer?


Me imagino a Moisés sentado viendo pasar ante sí candidatos a los puestos mayores y menores, para jefes de mil, jefes de ciento, jefes de cincuenta y jefes de diez. Y dudando para qué menester sería más adecuado ése que tiene delante que es rico, pero no valeroso o virtuoso. Y aquél, que le sobra valor pero que transmite poca verdad en sus actitudes. Y así horas y horas. Cómo hacer? Tal vez se le ocurrió una Ra’aión Gadol (gran idea). Él y su hermano Aarón por separado adolecían de ciertas deficiencias, pero juntos formaban una magnífica persona. Así que porqué no nombrar a dos o tres o cuatro hombres para cada uno de los puestos. Lo que unos tuvieran de menos se compensaría con lo que otros tuvieran de más, de tal manera que entre los dos, tres o cuatro formaran una persona perfecta para impartir justicia, entre ellos reunirían todos los requisitos para el cargo.


Nos sucede algo así con algunos amigos del alma o con la pareja, que juntos hacemos una persona maravillosa. Como el pueblo de Israel, que de uno en uno tenemos de todo, pero como pueblo somos magníficos.


El shabat de Dudú Aouate


Después de que el Gabai en la Bimá diga los versos que ensalzan la Torá, los presentes en la sinagoga responden con un verso de Deuteronomio 4:4 “Pero todos los que entre vosotros siguieron al Eterno, vuestro Dios, están hoy vivos” . Y así es, todos estuvimos allí en el Sinaí, yo, tú, todos acudimos al pie del monte para acompañar a Moisés y recibir los preceptos. Y aceptarlos. Nosotros lo haremos y nosotros obedeceremos: Na’asé, v’nishma. Aquéllos de entonces viven en nosotros ahora, como viviremos en las generaciones venideras que sigan observando la Torá porque nosotros se la hemos transmitido, como transmitimos el color de los ojos a los hijos y algunos de nuestros ademanes. Porque Dios se entregó al pueblo de Israel en ese texto. Anojí: Yo Mismo. Yo Mismo lo escribí para vosotros. En la Torá Me entrego a Mí Mismo. Eso quiso decir Dios. Es en la palabra escrita donde plasmamos nuestra esencia. Cartas del amado que nos envía en ellas una radiografía de su alma.


Es aquí, en esta Parashá Yitró, donde se instituye el precepto de guardar el Shabat.


Cada viernes, poco después de caer el sol, todos los judíos de la tierra, en Eretz Israel o en la Diáspora vislumbramos el paraíso tal como debió ser en la infancia de la Humanidad (y como pensamos que volverá a ser en la Era Mesiánica, esa maravillosa utopía de un mundo mejor, perfecto, justo). Abandonamos lo cotidiano, aparcamos todas las cosas que dicen los demás que son urgentes pero que nosotros sabemos que todo puede esperar al menos 25 horas, y nos vamos. No es una huída. Nos retiramos a nosotros mismos. Es nuestro día. Desde el poderoso al pobre. Igual para todos. Todos somos príncipes en Shabat. Y recibimos al Shabat como a una novia. Lejá Dodí. Preparamos la más hermosa mesa para la cena más alegre. Leemos la Torá, reflexionamos, estudiamos. Florecemos. Un día perfecto. Es lo que nos queda de aquel Paraíso. Guardo el Shabat. Es mi tesoro. Paseo por el Jardín del Edén con los míos. Pero tal vez sea el Shabat el que me guarda a mí y a todo el pueblo de Israel.


Despedimos el Shabat con la ceremonia de Havdalá (distinguir, en hebreo), aspiramos el embriagador aroma de las especias, porque el olfato es el más evocador de los sentidos y así perdudará más en nuestra memoria durante el resto de la semana el paraíso que hemos disfrutado y al que volveremos el próximo viernes por la noche. Quién faltaría a una cita con el Paraíso?. Pero ahora tenemos que volver a lo cotidiano. Y lo despedimos agradecidos y algo tristes como cuando el amado se va de viaje pero se sabe que volverá, esa tristeza enamorada que nos hace quererlo más. Nos gusta cómo somos con él, cómo nos hace ser con él. Y de él tomamos la fuerza para afrontar la semana. Hasta el viernes, amado mío, volveré a adornar la mesa con el blanco mantel y las velas y te esperaré con los manjares y el vino y volveremos a tener esas 25 horas sólo para nosotros, para recordar quiénes somos, para repetir los gestos que llevamos haciendo desde hace miles de años, los mismos que harán nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos; porque en Shabat el tiempo se detiene y el pasado, presente y futuro están aquí, nuestros antepasados, nosotros, nuestros descendientes, todos juntos celebramos el Shabat.


Ví en la televisión el incidente entre el guardameta del Deportivo de La Coruña, Dudú Aouate y su compañero de equipo. Hay una escena muy interesante y que define un poco la idiosincrasia judía. Después de conocer la sentencia y la indemnización que tiene que pagar el compañero por agredir a Aouate, los periodistas interrogan a uno y a otro. El agresor intenta excusarse argumentando que fue provocado varias veces y no le quedó más remedio que defenderse. Cuando los periodistas preguntan a Aouate que luce un ojo morado y ocho puntos de sutura, sobre qué le parecen las palabras de su agresor, lo único que contesta es: “Sí, él se defendió mucho. Nada más. No se puede ser más elegante (ni más irónico). Pero es que Aouate sabe que cada viernes le espera el Paraíso con los suyos. Y eso imprime carácter. Shabat Shalom, Dudú Aouate.


Shalom