jueves, 31 de enero de 2008

PARASHÁ MISHPATIM (…Y estos son los juicios que expondrás ante ellos…) ÉXODO XXI:1 – XXIV:18

26 Shevat 5768 – 2 Febrero 2008

Por L. Conde



Sobre la Justicia



Ecuanimidad, equidad, honradez, imparcialidad, neutralidad, probidad, rectitud, razón, honestidad, conciencia, jurisprudencia, ley, objetividad…. Estos son algunos de los sinónimos de JUSTICIA.


Nadie se pone de acuerdo en una definición universal. Ningún país tiene las mismas leyes ni las mismas penas para un determinado delito. El concepto de justicia varía de una cultura a otra, de un país a otro y, dentro de un país, de un ciudadano a otro. La Justicia acaba siendo un sentimiento subjetivo que cada cual adapta a sus circunstancias. Sí, están los Derechos Humanos, esos principios que a la luz de este siglo nos parecen de cajón pero que sin embargo en ningún lugar son puestos en práctica. Para mí que la Constitución está mal planteada al decir que “todos somos iguales” ante la Ley. ¿Iguales a quién o a qué? ¿Usted y yo somos iguales?.¿Qué tengo en común yo y un multimillonario de la lista Forbes, o yo y un negro que llega medio muerto en patera?. Iguales ante la Ley?, no me digan. O algo más cercano ¿Soy igual yo, de religión judía, que otro que no condena el nazismo? ¿Qué vara de medir aplicaría la justicia? Mejor sería que dijera la Constitución: “Todos somos diferentes” y respéteme usted esa diferencia. Puede que sobre esa premisa la Justicia se planteara de otro modo.



Perversión de la Justicia (o de cómo no condenar el nazismo invocando la Libertad de Expresión… supongo).


En las tertulias de café, en reuniones de amigos, en el trabajo, nadie discute de matemáticas, de química, nadie opina sobre física cuántica; se supone que para emitir una opinión sobre esas materias es necesario un conocimiento previo y bastante exhaustivo. Sin embargo todo el mundo parece ser médico, abogado, historiador, político, economista, teólogo…. Todos se atreven a opinar sobre esos asuntos aunque no tengan la más mínima formación al respecto. Sucede entonces que si argumentamos con conocimiento de causa y el otro percibe que no domina el tema, en vez de retirarse elegantemente e ir a estudiar, esgrime lo del derecho a la Libertad de Expresión. Pero para tener ese Derecho, en mi opinión hay que, primero, haber cumplido con el Deber de aprender, estudiar, conocer, entender…. en fin, requisitos indispensables para formarse un criterio propio y no repetir lo que dicen otros, como hacen los adolescentes que desean desesperadamente ser aceptados en la pandilla.


Viene esto a cuento de la noticia de que el Bloque Nacionalista Galego (BNG) no quiso condenar en nazismo. Están en su derecho, como están en su derecho los padres que permiten la ablación a sus hijas en ciertos países. Otra cosa es que ese derecho se les reconozca aquí. Ignoro en qué han basado su decisión. Ignoro también si la votación dentro del partido fue secreta o a mano alzada o si hubo votación. No importa.


Puede que dentro de un tiempo vuelva el nazismo. No les hemos derrotado porque aquí están: desde skinheads a negacionistas del Holocausto. La Naranja Mecánica que siempre existió. Pero lo que sí saben es que les hemos sobrevivido, como sobrevivimos a la Inquisición, a los progroms, a las deportaciones. De alguna manera hacen el trabajo de los depredadores en la selva. Una especie de cocodrilos en el Serengueti a la espera de que los ñues crucen el río, allí están esperando al acecho, surgen de las aguas lodosas y se llevan al fondo a muchos de la manada. Sí, diezman la manada. Pero no se dan cuenta que los que logran sobrevivir son los más fuertes. Sin quererlo son ellos los que favorecen nuestra supervivencia a lo largo de la Historia. No, no me interpreten mal, no les estamos agradecidos; simplemente los aceptamos como parte de la naturaleza humana, la que nos hace mejores por contraste. Mientras quede uno de nosotros, sólo uno, no considerarán terminado su trabajo. En el caso improbable de que lo consigan ¿Quiénes serán los siguientes?


"Primero se llevaron a los negros,
pero a mi no me importó
porque yo no lo era.
Enseguida se llevaron a los judíos,
pero a mí no me importó,
porque yo tampoco lo era.
………..

Ahora me llevan a mí
pero ya es tarde.”

(Bertold Brecht)


¿Alguien vendrá alguna vez a por ellos?


A veces siento vergüenza de mis propios paisanos, porque yo también soy de aquí.


Shalom.

domingo, 27 de enero de 2008

PARASHÁ YITRÓ (Y Yitró, sacerdote de Midián, suegro de Moisés, oyó todo lo que había hecho Dios por Moisés y por Israel….) ÉXODO XVIII:1 – XX:26

19 Shevat 5768 – 26 Enero 2008

Por L. Conde


Primer casting de líderes (aprox. año 3.500 a.e.c.)


Yitró dio muy buenos consejos a Moisés. Indudablemente él solo no podía hacer frente al inmenso trabajo de impartir justicia a todo el pueblo. Ocuparse de lo importante y de lo ínfimo, de cosas domésticas y cuestiones institucionales. Era demasiado para un hombre solo. Y no era conveniente. La justicia debe administrarse colegiadamente.


Se hicieron públicas las condiciones para presentarse al primer casting de liderazgo democrático.

El perfil exigido a los candidatos “de entre todo el pueblo” era el siguiente:


  1. Hombres de VIRTUD (anshei jail)
  2. Hombres TEMEROSOS DE DIOS (ir’ei Elohim)
  3. Hombres VERÍDICOS (anshei emet)
  4. Hombres que ABORREZCAN EL LUCRO (v’sonei betza)


El punto 4. parece insinuar que para que un hombre no sea tentado por el soborno es mejor que ya sea rico en el momento de acceder al cargo, que no pretenda enriquecerse con él y además tiene la ventaja de que puede ser un mecenas y poner parte de su fortuna a disposición del bien común.


Las cuatro características necesarias para tener el perfil de líder son absolutamente atemporales, hoy en día cualquier pueblo desearía políticos y jueces con esas virtudes. Virtudes requeridas desde hace nada menos que 5.500 años. Las cosas cuando están bien pensadas desde el principio perduran en la Historia. Pero sucede que es difícil encontrar esos cuatro elementos en una sola persona. Cómo hacer?


Me imagino a Moisés sentado viendo pasar ante sí candidatos a los puestos mayores y menores, para jefes de mil, jefes de ciento, jefes de cincuenta y jefes de diez. Y dudando para qué menester sería más adecuado ése que tiene delante que es rico, pero no valeroso o virtuoso. Y aquél, que le sobra valor pero que transmite poca verdad en sus actitudes. Y así horas y horas. Cómo hacer? Tal vez se le ocurrió una Ra’aión Gadol (gran idea). Él y su hermano Aarón por separado adolecían de ciertas deficiencias, pero juntos formaban una magnífica persona. Así que porqué no nombrar a dos o tres o cuatro hombres para cada uno de los puestos. Lo que unos tuvieran de menos se compensaría con lo que otros tuvieran de más, de tal manera que entre los dos, tres o cuatro formaran una persona perfecta para impartir justicia, entre ellos reunirían todos los requisitos para el cargo.


Nos sucede algo así con algunos amigos del alma o con la pareja, que juntos hacemos una persona maravillosa. Como el pueblo de Israel, que de uno en uno tenemos de todo, pero como pueblo somos magníficos.


El shabat de Dudú Aouate


Después de que el Gabai en la Bimá diga los versos que ensalzan la Torá, los presentes en la sinagoga responden con un verso de Deuteronomio 4:4 “Pero todos los que entre vosotros siguieron al Eterno, vuestro Dios, están hoy vivos” . Y así es, todos estuvimos allí en el Sinaí, yo, tú, todos acudimos al pie del monte para acompañar a Moisés y recibir los preceptos. Y aceptarlos. Nosotros lo haremos y nosotros obedeceremos: Na’asé, v’nishma. Aquéllos de entonces viven en nosotros ahora, como viviremos en las generaciones venideras que sigan observando la Torá porque nosotros se la hemos transmitido, como transmitimos el color de los ojos a los hijos y algunos de nuestros ademanes. Porque Dios se entregó al pueblo de Israel en ese texto. Anojí: Yo Mismo. Yo Mismo lo escribí para vosotros. En la Torá Me entrego a Mí Mismo. Eso quiso decir Dios. Es en la palabra escrita donde plasmamos nuestra esencia. Cartas del amado que nos envía en ellas una radiografía de su alma.


Es aquí, en esta Parashá Yitró, donde se instituye el precepto de guardar el Shabat.


Cada viernes, poco después de caer el sol, todos los judíos de la tierra, en Eretz Israel o en la Diáspora vislumbramos el paraíso tal como debió ser en la infancia de la Humanidad (y como pensamos que volverá a ser en la Era Mesiánica, esa maravillosa utopía de un mundo mejor, perfecto, justo). Abandonamos lo cotidiano, aparcamos todas las cosas que dicen los demás que son urgentes pero que nosotros sabemos que todo puede esperar al menos 25 horas, y nos vamos. No es una huída. Nos retiramos a nosotros mismos. Es nuestro día. Desde el poderoso al pobre. Igual para todos. Todos somos príncipes en Shabat. Y recibimos al Shabat como a una novia. Lejá Dodí. Preparamos la más hermosa mesa para la cena más alegre. Leemos la Torá, reflexionamos, estudiamos. Florecemos. Un día perfecto. Es lo que nos queda de aquel Paraíso. Guardo el Shabat. Es mi tesoro. Paseo por el Jardín del Edén con los míos. Pero tal vez sea el Shabat el que me guarda a mí y a todo el pueblo de Israel.


Despedimos el Shabat con la ceremonia de Havdalá (distinguir, en hebreo), aspiramos el embriagador aroma de las especias, porque el olfato es el más evocador de los sentidos y así perdudará más en nuestra memoria durante el resto de la semana el paraíso que hemos disfrutado y al que volveremos el próximo viernes por la noche. Quién faltaría a una cita con el Paraíso?. Pero ahora tenemos que volver a lo cotidiano. Y lo despedimos agradecidos y algo tristes como cuando el amado se va de viaje pero se sabe que volverá, esa tristeza enamorada que nos hace quererlo más. Nos gusta cómo somos con él, cómo nos hace ser con él. Y de él tomamos la fuerza para afrontar la semana. Hasta el viernes, amado mío, volveré a adornar la mesa con el blanco mantel y las velas y te esperaré con los manjares y el vino y volveremos a tener esas 25 horas sólo para nosotros, para recordar quiénes somos, para repetir los gestos que llevamos haciendo desde hace miles de años, los mismos que harán nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos; porque en Shabat el tiempo se detiene y el pasado, presente y futuro están aquí, nuestros antepasados, nosotros, nuestros descendientes, todos juntos celebramos el Shabat.


Ví en la televisión el incidente entre el guardameta del Deportivo de La Coruña, Dudú Aouate y su compañero de equipo. Hay una escena muy interesante y que define un poco la idiosincrasia judía. Después de conocer la sentencia y la indemnización que tiene que pagar el compañero por agredir a Aouate, los periodistas interrogan a uno y a otro. El agresor intenta excusarse argumentando que fue provocado varias veces y no le quedó más remedio que defenderse. Cuando los periodistas preguntan a Aouate que luce un ojo morado y ocho puntos de sutura, sobre qué le parecen las palabras de su agresor, lo único que contesta es: “Sí, él se defendió mucho”. Nada más. No se puede ser más elegante (ni más irónico). Pero es que Aouate sabe que cada viernes le espera el Paraíso con los suyos. Y eso imprime carácter. Shabat Shalom, Dudú Aouate.


Shalom

lunes, 21 de enero de 2008

TU-BISHVAT Celebrémoslo












lunes, 10 de diciembre de 2007

La tradición de sobrevivir a nosotros mismos

(o de lo que aconteció entre dos facciones irreconciliables de una sinagoga)

Yom Shení, 1 Tevet 5768


Por L. Conde


Era viernes a la tarde y las familias se apuraban para dejar todo listo en la casa antes de acudir a la sinagoga. La familia Lewynski, los Cohen, los Toledo, los Laor, … todos, doce familias en total. Esto era así porque habían sido deportados de diferentes lugares hacía apenas unos meses a un país donde los únicos judíos eran ellos y no tenían más que una sinagoga…. De momento.


El ambiente estaba raro desde el anterior Shabat Miketz, que coincidió con la Janucá, en que la Sra. Toledo hizo una interpretación muy suigéneris sobre el sueño de José, el relato en que las gavillas de sus once hermanos se postran ante su gavilla reconociendo así su supremacía. Tal como lo dijo la Sra. Toledo fue entendido de muy diferente manera por sus partidarios y por sus detractores. No hay que olvidar que la Sra. Toledo era del estilo: “A ver por qué no se me valora más a mí, con lo que yo he hecho por todos ustedes, ay, si no fuera por mí”. El Sr. Toledo callaba porque tenía una experiencia de treinta años y sabía que de lo que se trababa no era de argumentar si no de aguantar la racha y en unos días ya se pondría bien, en cuanto fuera a la peluquería y encontrara otra manera de entretenerse. Pero, claro, a los demás les faltaba ese y muchos datos de la Sra. Toledo y de todos en general. En realidad acababan de conocerse y aunque les unía el Shalom, les separaba el “Buenos días, te has fijado cómo va vestida la Sra. Cohen hoy?”, que es un no decir nada suponiéndolo todo. O la otra modalidad “El negocio de Lewynski va mejor que el nuestro. A ver qué haces, Abraham.” que es como decir “Vales menos que él pero conmigo no cuentes que ya bastante tengo con estar al lado de un fracasado”, y también una manera de fastidiar porque a mí me da la gana. Al final seis familias frecuentaban un restaurante, las otras cinco se hicieron socias del Country Club. El rabino y su familia paseaban por la alameda a pesar del tiempo inclemente. Así las cosas, con ese runrún sordo, llegaron a la sinagoga el aciago viernes de Vayigash.


Y fue durante una de las últimas oraciones, justo cuando el rabino la estaba recitando, en que la mitad de la congregación se puso de pie y la otra mitad permaneció sentada. La mitad que se quedó sentada empezó a gritarle a los que se pusieron de pie para que se sentaran, y la mitad que se puso de pié empezó a gritarle a los otros para que se levantaran.


El Rabino no sabía qué hacer. Intentaba contemporizar pero nadie estaba por la labor. Al final se retiró a su casa y se puso una bolsa de hielo en la cabeza. A la semana siguiente ocurrió lo mismo pero más encarnizado. Reunió a la congregación porque así no se podía seguir y sugirió consultar a su anciano maestro, un sabio de 98 años, que vivía en el país vecino. El Rabino esperaba sinceramente que el anciano estuviera en condiciones de contar cómo era la tradición en su tiempo, y pensando en eso emprendió el viaje acompañado de un representante de cada facción en que se hallaba dividida la congregación.


Cuando se encontraban en la habitación del viejo sabio, el representante de los que se pusieron de pie le preguntó si es tradición ponerse de pie cuando se reza esa oración.


El anciano respondió: "No. Ésa no es la tradición".


El representante de los que se habían quedado sentados, esgrimiendo una sonrisa victoriosa en los labios, afirmó: "Entonces la tradición es permanecer sentado!"…


A lo que el sabio contestó: "No. Ésa no es la tradición"


Entonces el Rabino le dijo al hombre sabio: "Pero es que hay peleas constantes; los que se ponen de pie le gritan a los que se quedan sentados y viceversa, y eso...


El sabio interrumpió al rabino antes que terminara de hablar y exclamó: "ÉSA es la tradición!"


Miles de años así y sobrevivimos. Pero el ejercicio más duro a veces es sobrevivir a nosotros mismos.


Shalom.